Agradecimientos

“Campesinos y gentes del pueblo

Te saldrán al encuentro, viajero

Y verás como quieren en Chile

Al amigo cuando es forastero”

Si vas para Chile, Los Huasos Quincheros (fragmento)

No podía faltar esta sección para dejar constancia de todos aquellos que se han hecho presentes a lo largo del viaje, aportando de una u otra forma para que sea realidad.

Gracias a Martín y a Paula, que además de ser quiénes nos recibieron cuando recién llegamos a Santiago, fueron los primeros en despedirnos antes de salir.

Gracias a Dani y a Gi, nuestros amigos chilenos (y moteros) que cuando les dijimos de necesitar ayuda, respondieron: “si pa’ eso estamos!”.

Gracias a Jorge, a Laura, a Núria, a Carla y Antonio por estar, en especial en esos días en los que la buena predisposición era más que necesaria.

Si los amigos son la familia que elegimos, la familia que nos toca entonces qué? Tengo que decir que crecí en una casa de locos, aunque dentro de lo cabe tuve suerte. Mi mamá trae genes italianos y la verdad es que salen a flote cuando habla, porque lo hace a los gritos (y cuando cocina pasta, porque es la más mejor). A mi papá hay que decirle “viejo parecés nuevo pero acordate que no estás nuevo”, dado que es un señor con su espíritu de niño bien latente, y unas 5 horas de sueño le sobran. Con mi hermano mayor, literalmente, nos llevamos como el culo. Salvo que por fortuna la música, mejor dicho La Renga y el gusto por los conciertos nos unen en complicidad. Con mi hermano menor somos más compinches, y es que es una especie de bisagra, que con torpeza, humor y delirio nos hace reír a todos. A mi cuñada es para aplaudirla, es una mamá joven con todas las pilas. Y mis sobrinos son la vida: el mayor es de esos nenes que se caen y no lloran, y la más chica es de esas nenas a las que les decís dos palabras y se ríe. Manso no?
A mi familia, GRACIAS!
A grandes rasgos entre una lista bien larga de todo lo que hicieron para que nos fuéramos de casa con todo impeque, mi papá se dio maña para hacernos la parrilla de la combi, que quedó sarpada (ah, y una parrillita para el asado). Y mi mamá volvió a sus épocas de costurera cortando e hilbanando las cortinas (sin olvidar los almuerzos con platos preferidos y el apoyo logístico con los mates). Gracias familia!
A la mama, que tot i no poder participar presencialment a que aquest viatge es materialitzes, en tot moment ens ha donat suport per a que el poguèssim dur a terme i en la distancia ens ha ajudat i es preocupa de que estem bé a cada lloc que passem i km que avancem. Merci mami!

Y como el durante sigue sumando agradecimientos, este es el lugar otorgado para actualizarlo cada vez que la oportunidad lo permita. Es que el transcurso del viaje nos viene encontrando con personas maravillosas, ya sea porque nos sacan de algún que otro apuro o por la hospitalidad con la que nos reciben:

Llegamos a Pimpinela cuando estaba oscureciendo y le preguntamos a un joven que venía caminando por la calle si sabía de algún sitio para pasar la noche, nos sugirió preguntar en la cancha del Club. No terminábamos de estacionar que venía con la confirmación del responsable de la cancha (un dirigente que nunca conocimos) que ya había dicho que sí. Después supimos que este chico se llamaba Rodrigo, a él, muchas gracias. Y también gracias al responsable que dijo que sí, que podíamos pasar la noche en la cancha del Club Alianza Pimpinela.

Gracias a Don Augusto y Doña Benericta por la confianza y hospitalidad de invitarnos a su casa; sin dejar de lado que las humitas del almuerzo estaban deliciosas, y ni hablar de los tomates que nos regaló de su huerta.

Gracias a César, que no dudó en ayudarnos la vez que nos quedamos sin combustible. La estación de servicio más cercana estaba a 30 km. Se llevó a Xavi y lo trajo de vuelta con el bidón lleno, justo coincidió que César tenía que ir y volver, y pasaba por el mismo punto, fue suerte, pero a la suerte hay que ayudarla, un gracias de nuevo para César.

No todo el mundo sabe que en las costas de Curanipe nos quedamos enterrados (hasta el cuello) en medio de la arena. No alcanzó la buena voluntad de un señor que decidió ayudarnos tirando con su camioneta, sino que también vinieron voluntarios a empujar la combi por detrás y otros a hacer peso en el vehículo por delante. A todos ellos, gracias!

Gracias a Antonio, que nos hizo sentir como en casa cuando pasamos por Chillán. Sumado a que nos mal acostumbró al pan calentito con jamón, queso, palta o huevos revueltos, a la hora del desayuno, y por supuesto, a la hora de la infaltable once chilena. Y como los valores vienen en los genes, gracias a Alex y a Cata que nos llevaron de paseo por el Tranque Tolhueco.

El día que nos quedamos en el Camping de Yungay, un grupo de purretes estaba de festejo, uno de ellos cumplía 22 años y lo celebraba con un pollo al disco. En un momento se acercaron a Baldufa, se presentaron, conversamos un momento, y nos invitaron. Salú y gracias!

El día que fuimos al Salto del Dañicalqui nos encontramos con un puente inaccesible, sumado a que el resto de las tranqueras podían estar cerradas debido a los incendios forestales. Mirta, una vecina de la zona, se tomó el tiempo de guiarnos por el camino a pie y darnos indicaciones muy precisas de cómo llegar al salto. Una vez que volvimos, más que satisfechos con la cascada encontrada, nos dijo algo así como: “Me imagino que ustedes no almorzaron, puro mate nomás. Yo cociné unos porotos, si desean los invito a almorzar” (ya saben cómo sigue). Calentó los porotos, preparó una ensalada de tomates y pepinos, y nos convidó hasta durazno en compota de postre (todo, todo, todo, para chuparse los dedos, y hay que decirlo, TODO era de su huerta). A Mirta, GRACIAS.

Las Termas de Malleco son lo primero que uno se encuentra de llegada al Parque Nacional Tolhuaca, afortunadamente para nosotros y para quienes eligen dormir en carpa, también tiene un camping termal. En la recepción conversamos con un señor que venía viajando desde Copiapó con su familia y nos contó que iban de camino a Chiloé, hablamos un ratito y cada cual volvió a lo suyo. Cuando estábamos a punto de hacer unos sanguchitos de cena, nos cayó de imprevisto con un arroz recién hervido que llevaba ajo, morrón asado y tomate, todo venía en un taper, cada ingrediente estaba envuelto en papel aluminio para que no se enfriara. Agregó que traían la verdura de su casa, que tenían una huerta orgánica. Para qué contarles lo rico que estaba, cómo agradecer tanto (si casi que nos emocionamos de encontrarnos con personas así). A este señor y a su esposa, que ni sus nombres supimos, GRACIAS.

Una vez que caminamos por todos los senderos que ofrecía el Parque Nacional Tolhuaca, llegó la hora de partir. El camino era de tierra, con pendientes exigentes, y en una de ellas Baldufa decidió quedarse. SEIS voluntarios llegaron caídos del cielo, uno de ellos mecánico, a meter mano y sacarnos de la situación. En chileno, “se pasaron!”, muchas gracias a todos.

522total visits.