Arcos de Calan y la Lobería

A veces se piensa que para descubrir nuevos paisajes o quedar boquiabiertos por el trabajo de la naturaleza deben recorrerse muchos quilómetros, pero la verdad es que no siempre parece ser así.  A tan sólo 16 km de Curanipe encontramos un cartel que nos atrajo cual imán. “Arcos de Calan 1 km”, sin saber de qué se trataba alcanzamos el cruce que se desviaba de la carretera principal bosque adentro por un camino ripiado que ya ni nos asustaba.

En un momento el camino incrementó su pendiente y el tamaño de las rocas que lo poblaban aumentó, haciéndonos entrar en duda si seguir adelante. Estábamos cerca intuíamos, pues a una bajada de 20 metros empezaba la playa de arena y acto seguido el oleaje impactaba incesante en tierra firme.

Ese “portezuelo” previo a la costa nos invitaba a quedarnos en él y así fue. Sería la primera (de muchas veces) que cocinaríamos y cenaríamos en el interior de nuestra casa rodante, haciendo del espacio disponible una cocina-comedor más que acogedora.

Puertas afuera el viento sur soplaba tan fuerte que parecía remecer a Baldufa cual cuna para que nos durmiéramos mejor. Aunque las ráfagas que azotaban el lateral de Baldufa con más fuerza provocaron que nos despertáramos en varias oportunidades con la sensación de volcar.

Con el nuevo día el viento no cesó pero el sol nos echó una mano para sobrevivir a la ventolera, y es que realmente a pocos metros de donde habíamos amanecido se encontraban los Arcos de Calan. Estos arcos son formaciones fruto de la insistencia de las olas contra la roca, dibujando una geometría que en eventos de temporal deben dejar imágenes de lo más impactantes.

Tras un paseo por arriba y por debajo de los arcos, caminando en playas que se consideran vírgenes (salvo por la basura que encontramos), la única compañía fue la de una pareja de viejitos, que además de recolectar las algas que el mar deja en la costa cuando se pone bien bravo, el cochayuyo, iban con caña de pescar en mano con la esperanza de que algún pez de roca picara en su anzuelo; recorrimos el borde costero alternando roquerío y arena hacia el norte, para contemplar el paisaje en soledad.

Llenos los ojos de tanto mar, retomamos camino por la ruta de la costa (la cual en muy recomendable, el estado es impecable y no hay que pagar peajes) y en cuestión de minutos abandonábamos la VII Región para que nos diera la bienvenida la Región del Bio-Bio. Cobquecura fue la comuna que nos dio la bienvenida con carteles que rechazan la implantación de la industria salmonera en sus costas.

En cualquier costa el cultivo de peces a nivel industrial puede generar desequilibrios considerables en el ecosistema marino del lugar, pero en Cobquecura encontramos un agravante aún mayor: a pocos metros de la orilla de la playa emergen dos islotes de no más de 50 metros de largo que albergan una de las comunidades de lobos marinos más grandes de la región.

Conversando con pueblerinos nos enteramos que la comunidad entera se opone a este proyecto, el temor viene, como suele pasar en este tipo de episodios donde los intereses comerciales entran en juego, que nunca falta quien accede a un trato irrisorio a cambio de un precio tentador, poniendo en riesgo este Santuario de la Naturaleza.

Volviendo a la lobería, fue un privilegio contemplar estos animales a una distancia tan próxima que nos permitía escuchar el rugido del macho alfa de la manada. Cercanía que también supone un peligro para los ejemplares más pequeños: la marea alta los arrastra y se los lleva, dejándolos sin fuerza para volver a la roca.

Supimos el dato último gracias a los voluntarios de CODEFF, sigla que significa “Comité Pro Defensa de la Fauna y Flora”, una ONG nacional que como su nombre lo indica, asumen la responsabilidad de proteger las especies de la fauna y flora nativas. De hecho tardamos en darnos cuenta que custodiaban unas siete crías de lobo de aproximadamente diez días de nacidas, esperando a que la marea bajara para regresarlas a su hábitat natural. En la galería les dejamos las fotos de estas criaturas enternecedoras, y hasta la próxima.

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