Rincones costeros en la Región del Maule

Decididos a pasar unos días con menos sobresaltos que los vividos en la cordillera de la VIª Región, pusimos rumbo a la costa.

 

Dejábamos la Región de O’Higgins atrás y enfrentábamos el descubrimiento de la VIIª Región, la Región del Maule. La noche se nos había echado encima y encontramos posada en una estación de servicio a la orilla de la Ruta 5. Un estacionamiento de camiones fue el paraje que nos albergó sin ni siquiera imaginar como despertaríamos al día siguiente.

En esas fechas Chile estaba siendo devastado por las llamas y la región del Maule era una de las más afectadas con distintos incendios en su territorio. Estas circunstancias y el sentimiento nacional chileno generaron un oleaje de ayuda y solidaridad hacia las zonas afectadas que es más que admirable.

Tanto fue así que a medida que pasaba la noche ese estacionamiento desierto se iba poblando de autos, camionetas y camiones que hacían parada en su trayecto a llevar insumos básicos a las zonas afectadas.

A las 7 de la mañana despertamos rodeados, literalmente, de voluntarios que aprovechaban su fin de semana para ayudar a aquellos que lo necesitaban. Tras un desayuno como los habituales y de ver perplejos el desfile de autos cargados con todo lo que uno puede imaginar retomamos la ruta hacia el sur.

El cielo amaneció despejado pero a medida que nos íbamos acercando al entorno de Constitución el humo invadía la atmósfera, privando la vista de cualquier paisaje existente desde la ruta. De repente el auto de enfrente prende las balizas y detiene la marcha ante nosotros. Una caravana de voluntarios y un retén improvisado de carabineros nos imposibilitaba seguir el camino hacia Constitución.

Ante esto y dado que el camino se va dibujando al andar, cambiamos el rumbo hacia Cauquenes, una pequeña ciudad interior que nos permitiría saltar a nuestro próximo destino.

La ruta a la costa transcurría entre subidas y bajadas rodeadas de pino y eucaliptus, dos de las especies que abundan en esta región, y muchas otras, gracias a la industria forestal que existe en Chile. Así llegamos al primer pueblo costero tras haber estado escondidos durante varias jornadas en la cordillera andina, Pelluhue.

Pelluhue se baña en el pacífico en una playa con varias rocas enormes que se erigen salientes de la arena como directas del centro
de la tierra. Y este lugar que sorprendía por su peculiaridad, sorprendía también por la falta de gente disfrutándolo. Con los dedos de la mano se podía contar  quienes eligieron este punto de la costa para pasar una tarde de mar

Tras unos mates a los brazos de Baldufa continuamos la ruta que bordeaba la costa dejando entrever la belleza de los acantilados que se hundían en el mar. El camino nos llevaba esta vez hasta Curanipe, una caleta de pescadores y surfistas que convivían en armonía aprovechando el mar como cada quien quería.

Se acercaba el ocaso y la ubicación invitaba a ver una puesta de sol de calendario desde la costa. Había que encontrar un punto que diera al oeste y ese camino parecía ser el indicado. Empezamos a recorrerlo dejando atrás el camping, el otro camping, el pinar, y se terminó el camino. No había perspectiva ni por asomo de poder ver el espectáculo. Marcha atrás y hasta acá nomás. De nuevo y por segundo día consecutivo estábamos en apuros. Las ruedas traseras de Baldufa habían quedado atrapadas en un banco de arena. Bravo!

Por suerte, y una vez más, la solidaridad de la gente del lugar se hizo presente. Vinieron a socorrernos de ésta un hombre en su camioneta y toda una familia que estaba ya en fase de abandonar la playa para regresar a descansar. Tras un par o tres de intentos en falso conseguimos salir de allí, agradecer la ayuda que nos habían brindado y seguir aprendiendo cosas importantes. Baldufa no se lleva muy bien con la arena y es mejor evitarla.

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