Desde mi balcón

“-Un día, vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.

Y poco después agregaste:

-¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol…

-¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?

El principito no respondió.”  Antoine Saint Exupéry

Los amantes del Principito recordaremos fragmentos de este clásico forever; entre frases icónicas como “lo esencial es invisible a los ojos”, cómo olvidar la nostalgia de ese niño de rizos dorados a la hora de las puestas de sol.

En mi caso la frecuencia con la que contemplé tantos atardeceres se dio más bien por la vista que ofrecía el balcón de casa, vivíamos en el piso 24 y las ventanas daban al poniente. En soledad, en compañía, con mate amargo o una cerveza bien helada de por medio, contemplar las puestas de sol desde nuestro balcón siempre resultó un privilegio.

El tiempo parecía congelarse y robaba nuestra atención sin permiso alguno, hasta que al cabo de unos minutos el encanto se volvía efímero dando lugar a la noche. Avanzada la oscuridad la vida de ciudad desde el balcón se hacía curiosa, las luces de cada cuadrante de ventana se iban apagando cual efecto dominó, quedando prendidas hasta tarde las de aquellos que trasnochamos entre la mayoría noctámbula.

Ah cierto, que venía a contar que entre tanta oportunidad alguna foto tomamos. Compartimos las mejores con ustedes, pero nada de ponerse triste eh?

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