Descubriendo Coya, entre el pasado y el presente

Después de nuestro periodo de prácticas en las proximidades de Santiago, y de haber finiquitado los trámites relativos al fin de nuestra vida sedentaria, estábamos listos para salir. Había llegado el momento de poner rumbo a la aventura sin saber qué lugar nos hospedaría.

Si bien uno planifica a donde quiere llegar en el día o la semana la verdad es que viajando uno nunca sabe donde irá a caer.

El sol había dejado de ser un asesino y el ambiente estaba más relajado. En ese momento decidimos salir, era el instante exacto en el que empezaba el viaje de verdad, sin pruebas, sin conocidos, la largada de la aventura estaba sucediendo y la emoción era notable en el ambiente.

La ruta nos llevaba hacía el sur, en dirección a Ushuaia con ganas de descubrir todo lo que nos esconde el camino. La primera parada era sencilla, Rancagua.

Rancagua es la capital de la Región de O’Higgins (VI Región), la cuna del prócer que dio independencia a la patria chilena (junto a San Martín), cuyo nombre se ganó la avenida principal en todas las ciudades y municipios del territorio transandino. Después de dar unas cuantas vueltas buscando dónde aposentar a Baldufa por el centro de la ciudad, llegamos a la Plaza de los Héroes.

Era cerca de medianoche y aún había transeúntes que paseaban, conversaban sentados en los bancos e incluso andaban con sus skates para arriba y para abajo aprovechando la textura de las baldosas de la plaza. Con dicho clima de tranquilidad nos dedicamos a dar una vuelta y tirar cuatro fotos previo a que empezara la sesión de cocina.

En este punto se empezaba a perfilar el plan para el día siguiente, una reacción alérgica había atacado a Carla y teníamos que aprovechar para ponerle freno y cura ahora que estábamos en la ciudad.

Así fue, visita al doctor con un tiempo de espera que nos recordaba que fuera de la capital todo se mueve a otro ritmo, ducha, inyección y como nueva! Listos para adentrarnos en la cordillera y conocer un antiguo campamento minero que fue declarado patrimonio de la humanidad, Sewell.

Pero no! Tras averiguar en la oficina de turismo y en la fundación que administra las visitas al lugar caímos en la cuenta que no iba a ser posible conocer este pueblito abandonado por nuestra propia iniciativa. El campamento se encuentra en terreno que es propiedad de una explotación minera y por ende no te dejan pasar.

Por suerte la gente que nos atendió nos recomendó un pequeño pueblo de características similares y al que podíamos acceder de forma independiente, Coya.

Con rumbo al ascenso de la cordillera  las curvas se suceden entre laderas arboladas y en poco más de 30 km llegamos a la entrada de este pueblo. El estómago reclamaba nuestra atención y para saciarlo dimos con un pequeño bosque de eucaliptos que nos permitió acceder a él con Baldufa incluída.

Con la panza llena y la casa un poco más organizada retomamos la ruta y empezamos a pasear por las subidas y bajadas que forman las calles de este pueblito.

Coya es una localidad que tiene un pasado y un presente muy ligado a la minería. Desde principios del siglo XX se instaló en el pueblo una empresa minera norteamericana que definió la arquitectura de una forma bien peculiar. Coya es un pueblo formado por dos corrientes distintas separadas por el río Cachapoal, al norte de este las casas y edificaciones tienen el estilo chileno rural con muros hechos de adobe y ladrillo y pequeñas ventanas para dar luz en su interior.

Pasado el puente que cruza el río hacia el sur, se erige un nuevo Coya.

Los norteamericanos importaron todo, desde la estructura de las calles, los espacios comunes verdes y la arquitectura de sus casas. Un campamento de casas unifamiliares que parecen sacadas del más puro ámbito rural estadounidense. Vallados de madera, entradas con escalerilla y recibidor donde uno se imagina los inquilinos sentados tomando la fresca y contemplando su rebaño de vacunos en medio de Texas. Las planchas metálicas se superponen y en cada casa muestran una combinación distinta de colores que da al barrio un aire pintoresco y curioso donde hoy en día viven los trabajadores de la actual explotación hidroeléctrica y minera de la zona.

Estas casas numeradas son la herencia de un pasado que a día de hoy se hace presente en la localidad. Todo acá se organiza alrededor de la impecable canchita de futbol donde se arma partido cada tanto, quedan los vestigios de lo que fue una cancha de tennis de tierra batida en la que en su momento los gerentes gringos pasaban sus horas de ocio lejos de sus hogares.

Hoy dentro de toda esta infraestructura, se emplazan los servicios de escuela y hospital que atiende a los habitantes de la comuna e incluso en la antigua pista de bowling, se encuentra la escuela de orfebrería en la que las mujeres de Coya se han organizado para dar clases, armar tours y mostrar a los visitantes las artesanías y formas de elaboración de un sinfin de productos con los que se sustentan en el día a día.

Coya fue sin duda un descubrimiento para nosotros y partimos de allí con el buen sabor de boca que te deja la gente del lugar, quien en todo momento nos dio las indicaciones y guía para poder aprovechar todo que lo que ofrece este pintoresco emplazamiento.

 

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One thought on “Descubriendo Coya, entre el pasado y el presente”

  1. Coya es un hermoso lugar, donde se encuentra el Barrio Americano que está abandonado a los pies de la cordillera en la Región de O’Higgins. Con similares características de Sewell.

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