Lliçons de la nostra primera sortida

Esto de viajar en combi nos viene enseñando una serie de lecciones desde el primer día, y decidimos compartirlas para que no se asusten aquellos que se aventuren con el mismo sueño, y se rían con nosotros los que decidieron leernos desde la comodidad (un poco envidiable en este momento) de sus escritorios.

Todos sabemos que hay un período de adaptación para cada experiencia nueva en la que nos embarcamos, un tiempo clave en el que hay que asumir que somos principiantes y lo que creemos saber va cambiando de forma mientras nos vamos tropezando con la cruda verdad; típico, “expectativas vs. realidad”.

1. Despídete de las comodidades

Resulta que salir de nuestra zona de confort (muy de nuestra generación) implica decirle adiós a una serie de cotidianeidades de las que no somos conscientes en el día a día. Desde abrir la canilla y dar por sentado que comienza a correr el agua (hablo de agua fría, que pensar en agua caliente ya casi es un lujo), mover el interruptor y que se encienda la luz (le haría un monumento a todo aquel diseñador industrial que aportó al mundo del outdoor con estas lámparas portátiles), y podríamos decir que entre esas renuncias aparece el baño, sí, decir “mi baño” es una expresión del pasado, nos duchamos cuando podemos, y aunque se trate de lugares de paso, esos breves minutos se hacen sagrados. A ver, tampoco es que vayamos de apestosos por la vida, rescaté algo del arsenal en perfumería que alguna vez tuve en el departamento, y las toallitas húmedas son una opción infaltable en la higiene del viajero. Además ahora tenemos una ducha solar y estoy a punto de incorporar un “shampoo en seco” (una chuchería bárbara no?).

2. Llevar solo lo justo y necesario

Ya sabemos que el ukele de Xavier se vuelve con mis padres cuando nos encontremos en el trayecto del viaje. Y mientras la lista sigue sumando objetos entrañables, te decimos que todo objeto que ocupe lugar y no se use, se queda (o se regala por el camino). Así que a desprenderse de las cositas tan nuestras que tanto nos encantan porque con los días te vas a decir ¿a dónde lo meto? ¿qué hago con esto acá? y finalmente ¿por qué lo traje?. Sumado a que los “recuerdos” físicos como souvenirs y regalos para, se convertirán en tu mejor foto digital (simple y liviano). Y ya que toco el punto de lo liviano, agrego que borrar las fotos que no nos satisfacen comienza a volverse una responsabilidad importante que cumplir.

3. El orden importa, y mucho

Acá seguro me dicen que soy hincha pelotas (lo cual es verdad), pero va más allá de mi condición personal. El espacio es reducido, por lo que recomendamos que haya un rincón destinado para cada cosa que llevemos y hagamos caso a tal regla. Claro que con los días nos damos cuenta que agrupar “tazas, café, azúcar y cucharitas” en el mismo lugar nos viene mejor que si las cucharitas van con los cubiertos, y el café en la mercadería y bla, ustedes van viendo. El tema es que nuestra combi no se convierta en el último cajón del mueble que siempre es un kilombo terrible. Por último (en este punto), las cosas sueltas se caen a la primera curva, un motivo más para que todo quede guardado en su sitio. Salvo que quieras que la búsqueda de eso que necesitás (ahora y ya) te tome más tiempo del deseado, sumado a que la paranoia por la pérdida te acompañe en el resto del viaje… muajajaja.

4. Altura máxima: 1.40 m

Teniendo en cuenta que las puertas laterales por donde entramos y salimos de nuestra casa de enanos mide 1.20 m, y la altura máxima en el interior es de 1.40 m, podrán imaginarse que aprendimos a las hostias. Desde la frente y hasta la coronilla, entendimos que la manera de movernos es encorvándonos, e incluso flexionando las rodillas como cuando bailamos el meneaito (todo dependerá de la altura del residente o visitante). Simple, si no te la querés poner todo el tiempo, agachate.

5. El grado de inclinación

Sucede que nuestro período de adaptación transcurre entre caminos de montaña: subidas y bajadas tooodo el tiempo. Mientras estamos en marcha, todo bien, pero cuando llegó el momento de estacionarse resulta más que importante la precaución de buscar alguna piedra que sirva de taco (sumado al freno de mano y al cambio). A la hora de instalamos: que mesita, banquitos y toda la milonga, eso de estar en la pendiente medio que molesta, cuando te vas a dormir ni te cuento, y cuando al día siguiente cumplís con la rutina de medir el aceite en frío, te vas a dar cuenta que la varilla del aceite miente. O sea que permanecer en una llanura (o meseta) es importante.

En fin, lecciones que con sentido común, flexibilidad y buena predisposición, nos harán expertos de la vida en ruta cual camionero jubilado.

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